El nombre del Pan de Azúcar es ciertamente peculiar. Y al ver la silueta del accidente geográfico no es muy difícil suponer a qué se debe.

Visitando el Museo Histórico Nacional encontramos los moldes utilizados durante la época colonial para dar forma al producto extraído de la caña de azúcar, que se transportaba hacia Portugal. Viéndolos es fácil creer que los portugueses compararan la forma del domo con la del “pan de azúcar”. El historiador Vieira Fazenda sostiene que el nombre le fue dado por los primeros portugueses que habitaron la bahía de Guanabara. No obstante, se sabe que los franceses llamaban al cerro “Pot de Beurre” o “Pot de Sucre”, lo que significaría "pote de mantequilla" o "pote de azúcar". No hay que olvidar que aunque los portugueses fueron los primeros en descubrir el territorio de lo que hoy conocemos como Río de Janeiro, fueron los franceses los primeros en establecerse y poblar la zona.


Otra teoría atribuye su origen a los indios Tamoios, los habitantes originales de la bahía de Guanabara. Según cuenta la historia fueron los que recibieron a los primeros europeos al llegar. Se dice que en el idioma Tupi, ellos llamaban al cerro “Pau-nh-açuquã”, que significa "cerro alto, aislado y puntiagudo". Si dudas es una descripción bastante acertada de este macizo rocoso, que descansa directamente en el mar.
Hay muchas formas de llegar a la estación del teleférico en el que realizamos el viaje de ascenso. La más simple: un taxi desde Copacabana, que no será muy caro ya que es relativamente cerca. Para llegar en el metrô (subterráneo) hay que tomarlo en la estación Botafogo y tomar la integración metro-ómnibus Expresso 513 que lleva a Urca. Es un poco más caro y complicado que ir en colectivo: hay que tomar el 511 (dice Urca) y el 512 para el regreso.
Los que quieran llegar por sus propios medios deben ir hasta el extremo sur de la playa de Botafogo. Allí, seguir unas cinco cuadras por la avenida Pasteur, que termina en la estación del bondinho (teleférico). Desde Copacabana parece fácil llegar al ver los mapas, pero el acceso es algo dificultoso. Si llegan a perderse, basta con simplemente preguntarle a algún ciudadano cómo llegar al Pan de Azúcar desde Copacabana. Los sabrán orientar al instante.
Definida la situación de cómo llegar al Pan de Azúcar desde Copacabana, sólo queda disfrutarlo. Desde el Pão se ve a la gente reducida al tamaño de las hormigas. El tránsito, las embarcaciones que entran a la bahía, el ritmo de una ciudad inquieta. Y allí abajo, casi al alcance de la mano, están el pequeño y apacible Urca (uno de los barrios más relajados de Rio) y los bañistas en praia Vermelha. Son dos paseos similares aunque cada uno con su sensación particular.
Una vez arriba uno pierde el sentido de la realidad. Desde sus miradores las favelas parecen quedar muy lejos, así como la vida en los rincones de la ciudad. Desde lo alto podemos divisar una panorámica deslumbrante en 360°. Hacia un lado, todo el centro de Río. Los movimientos de los aviones en el aeropuerto de Santos Dumont con la ensenada de Botafogo a nuestros pies. Para el otro lado están las playas de Copacabana e Ipanema. Y al fondo se encuentran las montañas selváticas de la reserva de Tijuca rodeando al Cristo de Corcovado.

Pero hay un show que ningún turista que pase por la Cidade Maravilhosa debería dejar de contemplar. Cuando cae el sol, detrás del morro Dois Irmãos, la vista desde el Pão de Açúcar es inigualable. El cielo se tiñe en tonos pastel, el Cristo Redentor se recorta sobre el Corcovado, las luces de la ciudad empiezan a encenderse hacia el norte, Ipanema y Copacabana se insinúan entre sombras, las luces de los barcos surcan la ensenada de Botafogo, y los turistas convierten al cerro en una torre de Babel celebrando en todos los idiomas imaginables y brindando por una puesta de sol inolvidable.

Mucha gente llega hasta el Pan de Azúcar y se va sin recorrer los 200 metros que llevan hasta una de las playas más hermosas y escénicas de Río de Janeiro: Praia Vermelha. El nombre le viene del color rojizo que adquiere su arena al atardecer. Pero lo que de verdad llama la atención es la belleza del escenario en el que está encajada, justo entre el Morro de Urca y el Pan de Azúcar.

Justo del otro lado puede recorrerse la cornisa marítima que rodea todo el pintoresco barrio de Urca. Este paseo por la avenida Portugal los llevará entre las más pintorescas casas de colores. Las rodeada una vegetación abundante, con el fondo de la roca pelada del Pan delimitando su crecimiento. Paseando llegaremos hasta la iglesia de Nossa Senhora do Brasil situada a pocos metros de la pequeña playa de Urca. Éste es un arenal protegido por las rocosas murallas de piedra del Morro de Urca.

Si buscan una playa con ambiente local de verdad, tranquilo, vecinal, para reunirse bajo el sol a charlar y bañarse, éste es su lugar.
Esperamos haber brindado información útil con esta publicación. ¿Querés conocer el Pan de Azúcar? En este link, podés ver alojamientos cerca para ir a visitarlo.